Día 1
“Muéstrame, oh, Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, Porque tú eres el Dios de mi salvación; En ti he esperado todo el día.” Salmo 25:4-5
El año nuevo siempre trae sensaciones de nuevos comienzos, de retomar sueños, metas o frustraciones que estuvieron en años anteriores y no se pudieron cumplir. Arrancamos con la idea de este año si lograré, si cumpliré, si haré, pero si de algo podemos estar seguros es que el futuro es un camino no transitado con curvas y desviaciones complejas o difíciles de conocer.
Cuando examinamos nuestros sueños o metas propuestos a inicio de año, nos podemos dar cuenta que en muchas ocasiones le pedimos a Dios que nos ayude únicamente en esas cosas meramente personales que al fin y al cabo durante años anteriores solo nos desviaban o alejaban del Señor.
Soñamos con un viaje por prados soleados y tranquilos donde todos nuestros deseos sean cumplidos, pero se nos olvida que a veces también viajaremos por terrenos difíciles accidentados o lugares oscuros donde nuestra fe va a ser probada, pero la única manera para estar seguros que vamos en el camino correcto es seguir a alguien que ya conoce el camino.
Al examinar el corazón del salmista en el salmo 25, vemos como el coloca toda su confianza en Dios, clamando por dirección, perdón y protección, el Señor conoce el camino que nosotros debemos tomar, él nos da las instrucciones que debemos tomar siempre y cuando estemos dispuestos a escucharlo.
Decide confiar en El y busquemos en este nuevo año su voluntad en lugar de que nos hace sentir bien o parece que es correcto. Y entonces así podremos conocer ese camino de bendición que tiene preparado para nosotros.






